La gran transformacion agrícola… que todavía no sucede

La participación del sector agricultura en la fuerza laboral aún no es moco de pavo. Y no es necesario esperar al Censo Agrario para enterarse de eso. Lo digo porque no es la primera vez que leo en Peru21 a Fernando Cillóniz escribir una columna en la que escuelea a los lectores con la confianza con que escuelean los que hablan sin ninguna base, apoyados en su observación de “conocedores”. Lo cito:

¿El sector agrario emplea al 30% de la Población Económicamente Activa (PEA)? ‘Nelson’. Así era el Perú en los años 60. Actualmente, no más del 15% de la PEA trabaja en el campo. He ahí el problema de algunos políticos e intelectuales agraristas.

“Nelson”, para ud. sr. columnista. No hay que ser político ni intelectual agrarista para hacer algo tan simple como ir a la ENAHO y averiguar cómo, en efecto, está la participación del sector agropecuario en la fuerza laboral. La figura de abajo muestra la evolución de la PEA agrícola de 1998 a 2011, medida de dos maneras: como la proporción de trabajadores cuya actividad es agrícola (CIIU 100-500, y que es la medida estándar, línea azul), pero además como el tipo de ocupación manifestado por el trabajador (línea roja).

La medida estándar nos dice que la participación de la PEA agrícola en el total de la PEA pasó de 34% en 1998 a 29% en 2011. Muy lejos del 15% que Cillóniz estima, Dios sabe cómo.

Es evidente que la situación económica de Perú no es la misma que hace 50 años, pero tampoco es cierto que estamos en el otro extremo y hemos completado (o estamos cerca de hacerlo) una evolución hacia manufactura. Las cosas estan cambiando, pero no de la manera drámatica que Cillóniz sugiere. La siguiente figura muestra la composición laboral agrícola por grupos de edades.

Si bien, en general, los cuatro grupos parecen mantener sus respectivas posiciones, hay una cierta recomposición: el grupo de trabajadores con edades entre 21 y 40 muestra una tendencia decreciente, mientras que los dos grupos de mayores 41 a 65 y 65+ muestran una tendencia creciente. La diferencia en medias para cada año es estadísticamente significativa, por lo que, en efecto, esa tendencia muestra una suave pero constante recomposición. Es lo que tiende a pasar en países que se desarrollan, tengo entendido. La transición a una economía no agrícola se demora, en parte, porque abandonar la agricultura implica migrar a las ciudades, y los jóvenes son los que están más dispuestos a hacerlo. Como digo, está pasando, pero ciudado, que es un proceso lento, que requiere ser potenciado.Estas cosas no pasan por arte de magia.

Finalmente, la ENAHO tiene además un módulo de productor agropecuario dónde se pregunta por si algún miembro del hogar realiza actividades agropecuarias, y si éstas son de manera permanente o temporal. La figura de abajo muestra la evolución para los mismos años excepto 2003 y 2004 (hay un traslape de información para estos años que impide sacar estimados exactos, por ahora) de los hogares que manifiestan (i) dedicarse a actividades agropecuarias y (ii) dedicarse a actividades agropecuarias de manera permanente.

Como se aprecia, la actividad agropecuaria aún concentra un porcentage no delesnable de hogares (más de 30%). No sólo eso, sino que el procentage de hogares que manifiestan dedicarse a alguna actividad agropecuaria de manera permanente sigue muy alrededor de 30%.

Mi punto es que la agricultura es aún importante en Perú. Hay mucha gente involucrada en ella, y ello explica que de no vez en cuado salgan propuestas pro-campesinos. Lo malo es que muchas de estas propuestas como el límite a la tierra, por ejemplo, son terribles. Pero lamentablemente cuando leo en las noticias y blogs acerca de ello, la discusión se centra en que esa es una medida estúpida. Lo es, claro, no hay que ser un genio para demostrarlo. Pero mientras se siga queriendo hacer pensar que la agricultura ya no es importante, no se va a poner énfasis en potenciar la transición de una economía agrícola a una no-agrícola. Hay mucho trabajo que hacer en ese campo.

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Especulaciones sobre aglomeración productiva

Hace unos días leí un libro de Krugman bastante recomendable si uno tiene algún interés en geografía y comercio. El libro, alas!, justamente lleva ese título, Geography and Trade. Una de las ideas del libro (que se lee en un día) es que, en realidad trade economics es una suerte de geography economics, y además de los costos de trasacción existen otras fuerzas que determinan la especialización productiva de los países, o las regiones dentro de un mismo país.

He empezado por lo último, y para Perú: ¿qué de interesante se puede aprender de los patrones de producción dentro de Perú? Más específicamente, ¿existe algún tipo de aglomeración productiva en Perú? Claro que sí, alguien me puede decir, basta con mirar la concentración económica en Lima. Cierto, pero mi punto (o el del libro) no es ese.

Tomemos el sector manufactura. Lima predomina económicamente por cuestiones históricas: acumula la mayor parte de la producción manufacturera. Tomemos eso como dado. Lo interesante es ver por qué aún así, dentro de los subsectores de manufactura (producción de papel, de cuero, muebles, etc)   la distrubución espacial (entre departamentos) no es la misma que la del total de manufactura. Un ejemplo hipotético: digamos que Lima acumula 60% del total de la producción manufacturera, Lambayeque acumula el 30% y el resto del país el restante 10%. Pero si miramos dentro del subsector de fabricación de zapatos, digamos que Lima acumula el 45%, Lambayeque el 40% y el resto del país el 15% restante. Eso quiere decir que la producción de zapatos está concentrada en dos regiones del país, en vez de una sola como el total de manufactura. A pesar de la predominancia de Lima, existe una aglomeración productiva en Lambayeque. Es decir, a pesar del peso histórico de Lima, hay otros factores empujando una concentración productiva en Lambayeque ¿Por qué pasa eso?, ¿a qué conduce eso?, ¿cómo se relaciona eso con otras variables?

En esas preguntas me encuentro trabajando (conjuntamente con Sebastián Sotelo), utilizando la data de los censos de población para Perú (obtenidos de aquí). Para empezar, hemos estimado coeficientes de gini para cada uno de los subsectores de manufactura y servicios. La idea (siguiendo a Krugman) es ver qué tan geográficamente especializados se encuentran estos subsectores.

Hay algunos resultados interesantes, como que 16 departamentos predominan como puntos de aglomeración. Sin embargo eso no es estático. Algunos desaparecen, otros aparecen, y otros refuerzan su predominancia. Aún nos falta mucho para explicar cómo sucede eso y a qué conduce, pero anoche me topé con una relación interesante: informalidad.

Como con la data de IPUMS no se puede sacar datos de informalidad, utilicé las ENAHO. Dos años, 2001 y 2010: una década. Estimamos los ginis a nivel de subsectores para ambos años, y también la tasa de formalización en cada subsector. Luego vimos los cambios en cada subsector. El resultado lo puse en un gráfico:

La correlación positiva es estadísticamente significativa, controlando por el nivel de formalización inicial.  Lo que quiere decir que una mayor aglomeración productiva está relacionada con una mayor tasa de formalización en el subsector. Obviamente existe una circularidad en esa relación, por eso no está claro qué determina a qué. Sin embargo, luego de ver ese resultado, recordé algo que escribía Krugman en el libro mencionado al inicio:

“Marshal (1920) identified three distinct reasons for localization. First, by concentrating a number of firms in an industry in the same place, an industrial center allows a pooled market for workers with specialized skills; this pooled market benefits both workers and firms (…)”

Simple. La extensión en este caso, es que no se trata de mayor empleo nada más, sino de mayor empleo formal.

En fin, queda mucho por deshilvanar y comprender antes de soltar recetas. Pero por lo menos esto me deja la sensación de que los sectores manufactureros pueden hacer mucho por el empleo peruano, de que los mercados funcionan.

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Primera aproximación a la productividad micro en Perú

En los cursos introductorios de macroeconomía usualmente se enseña que detrás del  crecimiento de un país hay un motor llamado productividad. La idea es simple, una economía más productiva crece más. Productividad, claro, se entiende como la habilidad para sacarle el jugo a los factores productivos (capital y mano de obra) a disposición.

Para Perú se han hecho ejercicios de contabilidad de crecimiento para ver el aporte de los factores productivos y de su (in)eficiente combinación al crecimiento, y al mismo tiempo qué está detrás de esa mejor o peor productividad.

Si bien el análisis macroeconomico de productividad es útil para entender cómo contextos institucionales o políticos influyen sobre el resultado general, tiene al mismo tiempo un alcance específico bastante limitado.

El resultado final sobre productividad proviene de la combinación de múltiples y diferentes sectores, industrias, y finalmente empresas, operando dentro de un mismo país. Industrias y empresas que, a la vez, difieren en tamaño, edad, especialización, etc. Y aquí surgen los mitos (pues no es corroborado aún): ¿son las empresas más antiguas más productivas? ¿Son las empresas grandes más productivas también? ¿Es cierto que las microempresas son grandes proveedores de trabajo? ¿Estable? ¿Influye la geografía en la aglomeración de las firmas? ¿Y el comercio exterior, también?

Desde el año pasado tengo al suerte de estar viendo estos temas junto con Eduardo Morón y Cristhian Seminario (el team productivity –ahora con un cuarto integrante de lujo), y el primer producto de ello es este documento bastante exploratorio sobre productividad a nivel microeconómico, a nivel de establecimiento. Lo más llamativo, como era de esperarse, es la gran diversidad de productividad entre los sectores o industrias. La primera comparación internacional sugiere que el nivel de dispersión entre firmas nos deja en el nivel de Países como Venezuela, y México.

¿Qué quiere decir dispersión en este caso? Pues que existen firmas muy diferentes, algunas extremadamente improductivas y otras muy productivas sobreviciendo en el mismo mercado. ¿Por qué las improductivas permanecen en el mercado? ¿Qué está detrás de esa supervivencia? ¿Las improductivas se vuelven productivas con el tiempo? Son preguntas sólo para empezar. Para acaso entender qué falla en nustro mercado.

La comparación internacional, nos puede ayudar en este caso. Si tomamos como referencia la distribución de productividad de las firmas de EEUU, podemos ver qué tánto podría mejorar la productividad de las firmas peruanas si los recursos fueran distribuidos de manera más eficiente:

“Más efciente” en este caso deriva de igualar las productividades marginales de los factores productivos, pues en ausencia de distrociones, éstos tienden a ser iguales. El resultado es que la productividad de manufactura podría incrementarse 79% si no existieran distorsiones en el mercado. Lo que nos deja alrededor de Venezuela y China en el ranking de potenciales ganancias. Por ejemplo Chile está más abajo, pues sus sectores son más homogeneos, y por tanto con menos distrosiones en el mercado.

Por otro lado, hay relaciones definidas entre productividad y tamaño de firma, al menos gráficamente, para algunos sectores. Ordenando las empresas en 10 grupos de tamaño, siendo 1 el grupo con el 10% de las empresas más pequeñas, y 10 el grupo con el 10% más grande, se puede ver que para algunos sectores mientras más grande el establecimiento, más productivo es.

Para otros sectore la correlación no es tan clara.  Lo que no hace sino establecer una rica agenda de investigación, tal como está señalado en ese documento. En fin, hay mucho más allí de lo que he puesto en este post, así que esto es una invitación a leerlo, y claro, comentar.

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Sorting out

In order to don’t mix things up in this space, there’s a different site where I’m going to write about non-economic issues mainly. So, my three readers are advised to check this out too.

What I need now is to get into blogging again!

 

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SMV: las líneas que faltan

¡Ajá! Para complementar, o más bien, entender mejor la primera figura del post anterior, encontré este paper de un profesor de la Universidad Católica (Jesús Palomino), que justamente analiza el efecto del SMV sobre el mercado laboral. He aquí la figura con una línea adicional.

Ahí también se aprecia el PBI (azul), el SMV (verde) que crece muy lento, los salarios promedio (lila) que también crecen muy lento, pero, la línea que faltaba, el empleo formal (rojo) crece casi al mismo ritmo del PBI.

Lo que parece estar sucediendo es que las empresas medianas y grandes (responsables en su mayoría del empleo formal) están aborbiendo más mano de obra. Esta mayor absorción, sin embargo está encontrando oferta laboral, quizá gente migrando de trabajos en empresas pequeñas a empresas grandes. Este empalme entre mayor demanda que encuentra oferta estaría manteniendo el nivel de salario. Una vez, claro, que el nivel de formalización sea lo suficientemente grande, una mayor demanda laboral se verá reflejada en un mayor salario. En fin, se puede testear esta hipótesis, pero me parece una historia plausible.

Entonces, habiendo evidencias como las mostradas por éste paper (que además vuelve a encontrar un impacto negativo del incremento del SMV sobre el empleo formal), es incocebible ponerse dogmático. Denuevo, el mercado laboral peruano no es el mejor, pero está dando señales de mejoría. Y si hay algo que apuntalar, eso es la formalización, en cuyo caso la manipulación del SMV tiene un probado efecto negativo.

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Falacias sobre falacias: como si el salario se mejorara por decreto

Estuve leyendo los periódicos hoy y me encontré con este artículo de Humberto Campodónico acerca de el “deterioro” del salario mínimo vital.  No soy un experto laboral, pero creo que hay algunos errores de percepción.

Es evidente que el salario mínimo en términos reales es menor comparado con el de inicios de los 80.  Pero es cierto tambien que a partir de 1997 el salario mínimo real muetra una senda estable. Pero vamos, ¿qué es el salario mínimo vital? ¿No es acaso, digamos, una especie de linea de pobreza laboral? Es decir, un punto de referencia mínimo de remuneración que asegure un trato justo bajo ciertos estándares. En ese sentido, si en términos reales el salario mínimo se mantiene relativamente estable, eso significa también que el poder adquisitivo de dicho salario no se ha visto mermado. Es decir, el salario mínimo nominal esta subiendo lo suficiente para cubrir la inflación. De hecho, ¡el salario mínimo nominal no hace mas que subir!, por tanto la variación que se ve en el salario real obedece únicamente al efecto de la inflación.

Más aún, la caída que se ve en el salario mínimo real  (en la primera figura) a inicios de los 90 es consecuencia de la gran inflación que se vivía por entonces. Ya para 1997 más bien se aprecia un incremento importante del salario mínimo nominal, y es a partir de alli que la senda estable del salario mínimo real se hace presente.

Pero la pregunta importante es, ¿el salario minimo vital tiene que incrementarse al mismo ritmo que lo hace el PBI, tal como sugiere Campodónico? No creo yo. Eso es algo que uno esperaría del salario de mercado, pero no del mínimo vital, son cosas muy diferentes. Evidentemente la relacion entre crecimiento económico y salarios de mercado (de equilibrio) es algo que necesita atención, pero eso es material para otro post. Aquí la idea es que, pensar que el salario mínimo vital debe seguir la senda del PBI es una falacia.

Si miramos a otro país, digamos, USA, el salario mínimo no sigue la misma tendencia que el PBI per cápita.

¿Por qué? Porque el salario minimo vital no es una herramienta para subir salarios, sino mas bien para asegurar condiciones minimas de trabajo (de nuevo, como una línea de pobreza). Obviamente los salarios de mercado en USA sí mantienen una relacion mas cercana con la evolucion de la produccion, y en particular, con la evolucion de los sectores que estan detrás de ese crecimiento. No es sorprendente, entonces, que en USA los salarios reales del sector financiero sean los que mas han crecido (no lo muestro, por espacio, pero esta disponible upon request).

¿Qué pasa en Chile? Pues que si bien el salario mínimo vital allí se ha incrementado, su evolución no guarda relación con la evolución del PBI per cápita. Desde 2005 el PBI per cápita chileno se dispara, mientras que el SMV real crece, pero no mucho, exactamente como pasa en Perú.

Ahora bien, alguien puede decir: ¡pero igual el SMV real chileno ha crecido más rápido! Cierto. Volvamos nuevamente a la idea de salario mínimo vital: una especie de línea de pobreza laboral que refleje estandares mínimos de remuneración al trabajador. ¿Qué podría ser uno de esos estándares que me digan cuánto es lo justo ganar? Pues, productividad laboral. Si los trabajadores en promedio producen más que hace 5 años trabajando el mismo numero de horas a la semana, pues ese sería un motivo para pensar, bueno, es justo que ganen más. ¿Cómo están las tendencias alli? La última figura lo muestra

Productividad laboral en este caso está medida como PBI (excluyendo minería para no crear falsas tendencias) a precios constantes sobre el número de trabajadores… el ratio esta indexado a 1980. El crecimiento de la productividad chilena ha sido simplemente espectacular. La productividad de USA incluye PBI financiero, por lo que quizá este un poco sobrevaluada. Mientras que la productividad peruana, si bien ha mejorado en la última decada, para el periodo de referencia usado por Campodónico, muestra un desempeño pobrísimo.

Entonces, la conclusión es que salario minimo y salario de mercado son cosas muy diferentes. El primero no tiene por qué seguir la evolución del PBI per cápita, no es una herramienta para subir salarios de mercado. Mas bien, vale recordar algo adicional: mientras que cerca del 80% de los trabajadores chilenos son trabajadores formales, en Perú la situacion es totalmente opuesta, cerca de 80% son informales. Un incremento del salario mínimo vital podria mas bien perjudicar los niveles de empleo formal (ver el paper de Nikita), lo que en último caso, afecta negativamente la productividad tanto laboral como de las firmas.

Finalmente, es obvio que el mercado laboral peruano no es el más eficiente, pero la solución a los problemas que este enfrenta no recae en jugar con el salario minimo vital, eso es como querer aumentar los salarios por decreto, porque el presidente lo quiere, o porque alguien cree ciegamente que eso es lo que se debe hacer. A mi parecer, los problemas mas urgentes a atender son los de informalidad y su ineludible relacion con productividad, ese es nuestro lastre que no se cura con conjuros legales, sino con economía bien pensada.

 

 

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Cuentas Nacionales Antiguas (pero nuevas)

La primera vez que escuché la palabra Kondratiev fue hace ya muchos años, cuando estaba empezando la universidad, no usaba gafas y mi profesor de macroeconomía era Bruno Seminario. Desde que lo conozco, Bruno ha mantenido una productiva obsesión por escudriñar el pasado económico peruano, por ver si, en efecto, los postulados de ese economista ruso ayudan a delinear alguna historia de desarrollo nacional.

Últimamente Bruno está consiguiendo armar una base de datos que, me parece, va a producir un sustancial salto analítico para entender nuestra posición económica actual. Si van a la última diapositiva, pueden ver que tanto la independencia como la guerra con Chile son los más grandes eventos que nos hacen cambiar de “intercepto”. Y si completan esa figura con esta otra, no es descabellado inferir que después de esos dos eventos, el evento “García-I” es el tercero más terrible en toda nuestra historia desde 1700, más severo que la Gran Depresión misma.

Veremos qué nos dicen estas estadísticas antiguas. Sé de algunos resultados interesantísimos, pero prefiero esperar que Bruno mismo los haga públicos. Mientras tanto, better you keep an eye on his blog!

Actualización: Peru: Crecimiento del Ingreso Per Capita: Ultimos Tres Cientos Años

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